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# Cumplo 42 años y sigo sin tener una conclusión sobre estar viva.
- URL: https://la-dialectica-del-caos.ghost.io/cumplo-42-anos-y-sigo-sin-tener-una-conclusion-sobre-estar-viva/
- Published: 2026-09-30T15:31:27.000Z
- Updated: 2026-09-30T15:31:27.000Z
- Author: Blanca Valdez

Tengo teorías, eso sí.

Tengo certezas que me duraron años y otras que se me deshicieron en las manos en cuestión de meses. Tengo cosas que antes defendía con una seguridad casi insultante y hoy miro con sospecha. Tengo preguntas que llevo cargando desde hace mucho tiempo y algunas nuevas que llegaron sin pedir permiso.

También tengo pérdidas.

Personas, animales, etapas, versiones de mí misma.

He aprendido que hay ausencias que no se superan. Se acomodan.

Un día descubres que puedes volver a reír, volver a trabajar, volver a hacer planes, volver a enamorarte, volver a creer, volver a quejarte porque alguien dejó una taza donde no iba y una ausencia que sigue ahí, ocupando su pequeño espacio dentro de ti sin pedir ya toda la habitación.

Supongo que crecer también es eso.

Aprender que puedes estar profundamente triste por algo y profundamente agradecida por otra cosa al mismo tiempo.

Qué pinche manía tenemos de querer que las emociones sean coherentes.

Como si amar a alguien eliminara el enojo.

Como si estar agradecida significara no poder estar cansada.

Como si tener una vida buena te quitara el derecho a cuestionarla.

Como si sentir esperanza fuera incompatible con saber perfectamente que el mundo puede ser un lugar brutal.

He llegado a una edad en la que me interesan cada vez menos las respuestas sencillas.

Tal vez porque la vida ha tenido la cortesía de demostrarme una y otra vez que casi nada importante cabe dentro de ellas.

La familia puede ser refugio y agobio.

El trabajo puede darte orgullo y drenarte.

El amor puede ser profundamente sencillo sin ser superficial.

Puedes querer mucho a alguien y aun así descubrir que no entiendes absolutamente nada de la forma en que esa persona ve el mundo.

Puedes sentirte privilegiada y al mismo tiempo estar legítimamente encabronada con cosas que son injustas, aunque la injusticia no sea hacia ti.

Puedes creer profundamente en algo y aun así dudar.

De hecho últimamente desconfío un poquito más de quien nunca duda de nada.

Porque hay una enorme tranquilidad en estar convencido de que uno siempre está del lado correcto de la historia.

Y también hay algo peligrosísimo.

Tal vez por eso pienso tanto en política.

Porque para mí todo lo es.

Porque detrás de las grandes palabras siempre termina apareciendo la misma pregunta:

¿Y las demás personas?

Detrás de “libertad”, “mérito”, “mercado”, “justicia”, “familia”, “patria”, “progreso” o “revolución” hay cuerpos concretos.

Personas que trabajan.

Personas que envejecen.

Personas que cuidan.

Personas que pagan renta.

Personas que se enferman.

Personas que quieren descansar.

Personas que pierden a alguien.

Personas intentando construir una vida medianamente digna antes de que se les termine.

Y cuando olvidas a esas personas, las ideas empiezan a volverse peligrosamente cómodas.

Quizá por eso cada vez me interesa menos discutir quién tiene la razón y más entender quién termina pagando las consecuencias de cada idea, de cada opinión, de cada decisión.

También he aprendido algo sobre el amor.

Para amarse a uno mismo, tal vez convenga empezar por amar al otro. Y amar al otro implica dejar de pensar en solitario, pensar en conjunto y ampliar el panorama.

Nos enseñaron muchísimo sobre el amor que hoy pongo en duda.

El amor que duele.

El amor imposible.

El amor que exige sacrificios permanentes.

El amor como guerra.

Y cuando finalmente conoces un amor que no necesita incendiar la casa para demostrar que existe, al principio hasta parece sospechoso.

Pero hay amores que simplemente acompañan.

Que hacen espacio.

Que convierten un martes cualquiera en algo que vale la pena recordar.

Y tal vez una de las cosas más importantes que me ha enseñado llegar hasta aquí es que la intensidad no siempre es profundidad.

A veces la profundidad se parece muchísimo a la paz.

El amor por el otro nos pone más cerca de crear un mundo mejor.

A los 42 también empiezo a entender que la vida se construye con una cantidad absurda de cosas pequeñas.

Los animales que alguna vez durmieron junto a ti.

La canción que sigues escuchando veinte años después.

Una conversación a las dos de la mañana.

Una comida que salió particularmente bien.

Una amistad que sobrevivió varias versiones de ustedes mismos.

Una casa que poco a poco empieza a sentirse tuya.

Una tarde en la que por cinco minutos todo parece estar exactamente donde debería.

Luego algo se rompe naturalmente.

Porque esto sigue siendo la vida.

Y quizá de ahí sale el nombre de este espacio.

La Dialéctica del Caos.

Porque cada vez creo menos que el caos sea lo contrario del orden.

A veces el caos es simplemente el lugar donde dos verdades contradictorias existen al mismo tiempo.

Estoy feliz y extraño.

Tengo miedo y quiero seguir.

Creo en ciertas cosas y quiero cuestionarlas.

Amo este mundo y hay días en que me parece insoportable.

Quiero cambiar cosas enormes y también quiero pasar una tarde entera sin hacer absolutamente nada.

Soy todas esas contradicciones.

Todos lo somos aunque nos esforcemos muchísimo en fingir que somos perfectamente coherentes o luchemos constantemente para lograrlo.

Así que este espacio no nace porque tenga todas las respuestas, tal vez no tenga ninguna.

Nace porque tengo muchas preguntas.

Porque me gusta contar y descubrir historias.

Porque a veces necesito convertir algo en poema para poder entenderlo, para poder perpetuarlo.

Porque hay discursos políticos que escucho y me dan ganas de rascarles hasta encontrar qué esconden debajo.

Porque me interesa la memoria.

La injusticia.

El amor.

La pérdida.

La clase.

El poder.

La ternura.

El absurdo.

La esperanza.

Y porque después de 42 años quizá ya acepté que nunca voy a entender completamente qué demonios estamos haciendo aquí.

Pero todavía tengo muchísimas ganas de intentarlo...

...No tengo una conclusión sobre estar viva.

Por ahora tengo esto.

Y me parece un buen lugar para empezar.

Bienvenidos a La Dialéctica del Caos.